Poco a poco percibo rayos de sol, que enfrascan en una pelea
contra la persiana que aguanta a duras penas la claridad impaciente que termina
perfilando el techo de mi habitación donde descansa mis sueños inquietos.
La
idea de despertar me la quitan unos huesos remolones que me hacen caer en la
cuenta que es fin de semana y la cama se me antoja eterna. Mi nariz trabaja
para filtrar el aire que viene perfumado
con la fragancia del café más apetecible que proviene de un hogar más tempranero.
¿Que hice ayer para estar tan cansado? reflexiono y caigo en la cuenta que lo
cotidiano es cansino hasta el punto de calcinar las neuronas más madrugadoras que hacen trabajar a las más torpes , que me recuerdan que después
del sábado solo queda un día descanso. ¡No pienses que soy vago! , más bien me
considero un perezoso puntual abordado por los números de un despertador más
que correcto yo diría exacto. Este marca las nueve en punto información
recibida por mi rabillo del ojo que le toco guardia que hace que mi boca arranqué
la sirena del suspiro que resalta la frase más popular jamás nombrada…¡estoy reventado!.......pero
al alzar la mano y dejarla caer a plomo siento que la parte de la sábana que no
entra en mi parcela del sueño nota que guarda la temperatura de un cuerpo que
no está .


Articulo escrito por : Fran Fernández garrido.
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